A medida que crecemos, empezamos a notar que hay ciertas actividades que nos llenan de satisfacción, de cierto gozo al llevarlas a cabo; hacer deporte, practicar una habilidad, mejorar en el estudio de una ciencia.
Todo tiene un nivel de dificultad y este está asociado al nivel de compromiso que tengas con ese acto; si practicas un deporte de manera regular, seguramente te será difícil alcanzar un objetivo de distancia, tiempo o peso, en una habilidad pulir esos detalles de su ejecución... mas, ¿no es esa dificultad derivada del nivel del objetivo que quieres alcanzar?
Es diferente usar una hora de tu tiempo libre para practicar un deporte a organizar una hora y algunos días a la semana para entrenarlo, pues con el primero cuentas simplemente con tu voluntad, el segundo es neto compromiso.
Y a medida que vamos mejorando ese nivel de dificultad sube en los entrenamientos, mas el objetivo deja siempre de ser tan lejano como antes; fácilmente empiezas a ver cómo el objetivo (si tu persistencia lo permite) de hace seis meses hoy es parte del entrenamiento, y a medida que mejores el esfuerzo se mantendrá, el cansancio también mas el objetivo se hará menos y menos lejano.
Es por eso que hay una elección de extremos en la vida: te dificultas soñando el objetivo o te dificultas ejecutando el plan. Lo primero implica la frustración de no sentirse capaz, lo segundo el esfuerzo de hacerlo con constancia, incluso dudando en ocasiones de si se es capaz de alcanzar el objetivo. Así que cuando sientas que en tu vida todo es difícil, recuerda que del el otro extremo también lo es y que seguramente estás del lado correcto, así que vale la pena.
Esto es MindMirror, un espacio para mirar al interior.