A menudo solemos pensar que todo lo que alguna vez hirió no está de ninguna manera presente: relaciones fallidas, objetivos que no se lograron, sueños que no se dieron.
Entonces, llega una pregunta: ¿Por qué tantas veces solemos ignorar cada acto que refleja ese pasado?
Mirar hacia adelante resulta agradable, pues ponemos todas nuestras esperanzas y deseos en esta dirección; sin embargo, algo pasa: el futuro flota y no tiene cimientos, puesto que no ha pasado, mientras lo que hay atrás, lo que pasó hace algún tiempo tiene más rigidez e influencia sobre el presente.
Mirar hacia atrás es mirar hacia adentro, dentro nuestro, lo cual es difícil. Hace poco leí un libro de Hermann Hesse: Demian. Entre infinitas cuestiones que resultaron de mi interés, hay una que me pareció fundamental: mirar hacia atrás para abarcar el crecimiento presente. "El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo. Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo". Ésta entre muchas citas, me parece increíble por lo siguiente: ¿Cómo es posible que queramos reconocer o concebir la posibilidad de un nuevo nacimiento sin antes reconocer qué es lo que motiva esto? ¿Un dolor que no queremos repetir, una herida sobre la que queremos escribir historia, una imagen que atormenta y que queremos tornar inspiración? Y sucede algo: si no somos capaces de dar luz sobre esta sombra, algún día toda esta se tornará sobre el ahora y entonces lo habremos entendido: su llamado fue constante, mas siempre lo ignoramos.
Si has llegado hasta aquí, gracias por leer.